videncia verdadera  
 

El Recurso De Apelación

Antes de pronunciar la sentencia, el juez dijo que el veredicto no se refería al hecho de si "eran o no posibles manifestaciones
auténticas de ese tipo... este tribunal no tiene nada que decir acerca de cuestiones tan abstractas". El jurado había considerado el caso
como de pleno fraude y sentenciaba a la Sra. Duncan a nueve meses de prisión y se la llevaron entre protestas y gritos. En cuanto a los
demás acusados, la Sra. Brown fue condenada a cuatro meses (con anterioridad ya había sido sentenciada por robo y hurto en
establecimientos comerciales) y los Homer fueron multados con cinco libras, imponiéndoseles el deber legal de buen comportamiento
durante dos años. El recurso de apelación presentado ante la Cámara de los Lores fue desestimado.
Helen Duncan cumplió la condena en la prisión de Holloway. El movimiento espiritista, molesto por el veredicto, solicitó que se
modificara la legislación para evitar acusaciones de este tipo. Muchos de los seguidores de Helen Duncan estaban convencidos de que
había sido condenada para detener la filtración de información secreta en tiempos de guerra.
Cuando salió de la cárcel el 22 de septiembre de 1944, Helen Duncan anunció que no iba a llevar a cabo más sesiones, aunque no tardó en
cambiar de opinión. En realidad, pronto estuvo realizando tantas que los espiritistas empezaron a preocuparse; se dijo que la calidad de
las manifestaciones que lograba se había deteriorado y la Unión Nacional de Espiritistas llegó, incluso, a retirarle el diploma.

Canto y Danza

Otros relatos, sin embargo, sugerían que sus poderes estaban muy lejos de debilitarse. Parece ser que hallándose en casa de Susie
Hughes, una médium de Liverpool, el guía espiritual de Susie, «Bluebell», había aparecido acompañando a «Peggy», y que ambos
empezaron a cantar y a bailar juntos ante muchos testigos. En otra sesión, se materializó el padre de Susie Hughes, saludó a su esposa e
insistió en que caminaran por la parte más clara del salón para que pudiera saber que era él; después la llevó de nuevo hasta su silla, la
tomó en brazos y la levantó por encima de su cabeza.
Alan Crossley, autor de The Story of Helen Duncan, asistió a una de las sesiones en 1954, en la que pudo ver tanto a la médium como a
Albert, su guía espiritual masculino. También contempló el espíritu de un hombre que había fallecido pocos días antes; su esposa y su
hijo, que se hallaban presentes, quedaron embargados por la emoción al reconocerle.
En 1951, la Ley de Brujería de 1735 fue abolida y sustituida por la Ley de Médiums Fraudulentos. Parece ser que el juicio de la Sra.
Duncan había sido el motor de esta modificación legal, aunque la esperanza de los espiritistas de que los médiums no volvieran a ser
acosados por la policía duraron muy poco; en noviembre de 1956, las fuerzas de seguridad hicieron una redada en una sesión que se
estaba realizando en Nottingham. Apresaron a la médium, la registraron y tomaron fotografías. Dijeron andar buscando barbas,
máscaras y una mortaja, pero no encontraron nada. La médium que dirigía la sesión era Helen Duncan.
La interrupción de una sesión física se considera como algo muy peligroso por los espiritistas, ya que el ectoplasma regresa al cuerpo con
excesiva rapidez. En el caso descrito, Helen Duncan se sintió muy mal y avisaron a un médico, que le dio unos tranquilizantes; más tarde,
le hallaron dos quemaduras en el estómago. Se sentía tan enferma que regresó a Escocia junto a su familia y fue ingresada en un
hospital, donde falleció al cabo de dos días.
La historia de Helen Duncan es una de las más trágicas y singulares de la historia del espiritismo; o fue una brillante estafadora, capaz
de hacer ver a la gente lo que precisamente querían ver, mediante la manipulación de objetos en la oscuridad, o fue una de las médiums
más destacadas de todos los tiempos. Su historia no acaba con su muerte, sino que su hija Gina reveló a Psychic News, el 4 de
septiembre de 1982, que su madre había hablado con ella durante más de una hora a través de la voz directa de la médium Rita Goold,
de Leicester.
La mayor parte de la conversación fue de naturaleza personal, y al final de la sesión, Gina manifestó: «Sí, es mi madre; no me cabe la
menor duda.» Veintiséis años después de su muerte, parece que Helen Duncan sigue trabajando para demostrar que la vida continúa
más allá de la tumba.

Incluso con sus manos sujetas por testigos y con sus pies atados, Helen Duncan, consiguió materializar a su guía espiritual «Peggy», aparentemente mediante el ectoplasma que emanaba de su nariz. También tenía un guía espiritual masculino, Albert Stewart que era alto y delgado, y mucha gente atestiguó haberle visto junto a la figura sólida y de generosas proporciones de la Sra. Duncan a un mismo tiempo.Incluso con sus manos sujetas por testigos y con sus pies atados, Helen Duncan, consiguió materializar a su guía espiritual «Peggy», aparentemente mediante el ectoplasma que emanaba de su nariz. También tenía un guía espiritual masculino, Albert Stewart que era alto y delgado, y mucha gente atestiguó haberle visto junto a la figura sólida y de generosas proporciones de la Sra. Duncan a un mismo tiempo.


Incluso con sus manos sujetas por testigos y con sus pies atados, Helen Duncan,
consiguió materializar a su guía espiritual «Peggy», aparentemente mediante el ectoplasma que emanaba de su nariz.
También tenía un guía espiritual masculino, Albert Stewart que era alto y delgado, y mucha gente atestiguó
haberle visto junto a la figura sólida y de generosas proporciones de la Sra. Duncan a un mismo tiempo.
 

Más de un cuarto de siglo después de su muerte en 1956, la Sra. Duncan habló con su hija Gina durante más de una hora, a través de la voz directa de la médium Rita Goold de Leicester (en la fotografía).

Más de un cuarto de siglo después de su muerte en 1956, la Sra. Duncan habló con su hija Gina
durante más de una hora, a través de la voz directa de la médium Rita Goold de Leicester (en la fotografía).

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